Después de más de cinco décadas de espera, Chile dio este sábado un nuevo paso en el largo camino hacia la verdad, la memoria y la justicia. La Policía de Investigaciones (PDI) detuvo en la comuna de Puyehue, Región de Los Lagos, al excoronel del Ejército Nelson Haase Mazzei, último condenado que permanecía prófugo por el secuestro y asesinato del cantautor Víctor Jara y del entonces director general de Prisiones, Littré Quiroga Carvajal, ocurridos tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.
Haase Mazzei, de 80 años, había sido condenado por la Corte Suprema a 25 años y dos días de presidio por los delitos de homicidio calificado y secuestro calificado. Sin embargo, desde que la sentencia quedó firme en 2023, permanecía oculto para evitar cumplir la condena, hasta ser localizado por efectivos de la PDI en una parcela de la comuna de Puyehue.
Tras su captura, la ministra en visita para causas de Derechos Humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza, ordenó su ingreso inmediato a prisión para cumplir la pena impuesta por la justicia chilena.
Un crimen que marcó la historia de Chile
El asesinato de Víctor Jara constituye uno de los casos más emblemáticos de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet.
El reconocido cantautor, director teatral y militante por la cultura fue detenido junto a miles de personas en el entonces Estadio Chile —hoy Estadio Víctor Jara—, donde fue sometido a brutales torturas antes de ser ejecutado el 16 de septiembre de 1973. Junto a él también fue asesinado Littré Quiroga Carvajal, abogado y director general del Servicio de Prisiones del Gobierno del Presidente Salvador Allende.
Los antecedentes judiciales acreditan que ambos permanecieron aislados durante varios días, sufriendo constantes golpizas, agresiones físicas y torturas antes de ser asesinados.
La responsabilidad establecida por la justicia
Aunque Nelson Haase Mazzei negó reiteradamente haber participado en los hechos, la investigación judicial reunió numerosos testimonios de oficiales, conscriptos y otros condenados que lo situaron dentro del Estadio Chile durante los días en que ocurrieron los crímenes.
La Corte Suprema concluyó que el exteniente tuvo participación directa tanto en el encierro como en la ejecución de las víctimas, estableciendo su calidad de autor de los delitos. El fallo también consignó que integraba la estructura de mando del recinto militar y portaba armamento compatible con las heridas que causaron la muerte de Víctor Jara y Littré Quiroga.
Asimismo, diversos testimonios provenientes de antiguos integrantes de la DINA señalaron que Haase Mazzei llegó posteriormente a convertirse en hombre de confianza del coronel Manuel Contreras, jefe de la policía secreta de la dictadura.
La memoria como compromiso democrático

La detención del último prófugo representa un importante avance para las familias de las víctimas y para una sociedad que continúa enfrentando las consecuencias de uno de los períodos más dolorosos de su historia.
Los crímenes de lesa humanidad no solo afectan a quienes los padecieron directamente, sino que constituyen una herida para toda la comunidad democrática. Por ello, la búsqueda permanente de verdad, justicia y reparación sigue siendo un principio esencial para fortalecer el Estado de Derecho y garantizar que hechos de esta naturaleza nunca vuelvan a repetirse.
Más de cincuenta años después del asesinato de Víctor Jara, su legado artístico y humano continúa trascendiendo generaciones. Su música y su compromiso con la dignidad de las personas permanecen como un símbolo universal de la defensa de los derechos humanos, mientras que las resoluciones judiciales reafirman que el paso del tiempo no extingue la responsabilidad frente a los crímenes de lesa humanidad.