El cantautor y activista estadounidense Ben Grosscup conmovió a las redes sociales al contar que viajó a La Habana para traer a su madre NeuralCIM, el medicamento cubano desarrollado por el Centro de Inmunología Molecular para tratar la demencia —probablemente Alzheimer— con la que fue diagnosticada en junio.
«Estoy sentado en el aeropuerto de Miami, acabo de llegar desde La Habana. Más tarde esta noche entregaré a mi madre una medicación para ayudar con su demencia. He llevado un suministro de 48 semanas de NeuralCIM, una nueva medicación producida y distribuida solo en Cuba», publicó el artista tras pasar dos semanas en la isla entrevistando a médicos y científicos sobre el fármaco, que según sus palabras tiene «una promesa extraordinaria para estabilizar y, en muchos casos, mejorar, las puntuaciones de pruebas cognitivas para pacientes con demencia».
Grosscup, quien tras el diagnóstico de su madre comprobó que los medicamentos disponibles en EE.UU. ni detienen ni revierten la enfermedad, lanzó una reflexión que resume el absurdo del bloqueo: «He sido activista contra la guerra económica de EE.UU., pero nunca pensé que el bienestar de mi propia madre dependiera de la ingeniosidad y la hospitalidad de la nación que mi gobierno estaba tratando de destruir». El cantautor denunció la manera «desgarradora y horrible» en que el bloqueo y las medidas de la administración Trump dañan al pueblo cubano, cuestionó por qué «los intereses corporativos enraizados» y la «geopolítica» impiden que avances como NeuralCIM se promuevan y ensayen en Estados Unidos, y reivindicó la diferencia entre ambos sistemas: «A diferencia del modelo de atención médica de EE.UU., los valores socialistas en el corazón del sistema cubano son sobre el hacer a la población más saludable, no enriquecer a unos pocos».
Conmovedoramente, el artista concluyó: «A lo largo del camino, he hecho algunos amigos increíbles. Cuba, te amo». Anunció además que documentó cada paso de su experiencia y ofrecerá charlas para dar a conocer el medicamento cubano a las familias estadounidenses que sufren. Su historia evidencia una paradoja vergonzosa para Washington: mientras el bloqueo estrangula a la isla, la ciencia cubana —forjada precisamente bajo el asedio— ofrece al mundo lo que la industria farmacéutica estadounidense no puede: esperanza, salud y humanismo.
